Desde que Cachorro nació tuve claro que no quería que fuera a la guardería, por suerte, mi madre podría cuidarlo llegado el momento de mi reincorporación al trabajo.
De eso han pasado casi tres años y ha llegado la hora de la verdad, la hora en la que, mi pequeño felino, ha de acudir a la escuela por primera vez.
Mentiría si dijera que estoy tranquila y que este cambio en la vida de mi hijo no me preocupa, por ello, seré lo más sincera posible y no me avergüenzo al afirmar que no me hace mucha gracia que el niño vaya al colegio con tan sólo 3 años. Como no me queda otra me aguantaré, pues la necesidad de trabajar fuera de casa es un hecho y mi madre también necesita un respiro -una cosa es ayudar y otra es otra cosa-.
Pienso que Cachorro, a sus 35 meses actuales, está mucho más avanzado que muchos niños de su edad - de verdad que no es sólo el amor de madre que me invade y nubla la mente- por lo que sé le estamos estimulando y ayudando en su desarrollo a las mil maravillas lo que me lleva a sospechar que el ir al cole no le vaya ayudar a mejorar, notablemente, este aspecto -no es lo mismo atender a un niño en exclusiva que atender a 25 o 30 que serán en el aula de 3 años-.
También soy de la opinión de que hasta los 6-7 años un niño sólo ha de jugar y disfrutar, ya habrá tiempo de adquirir conocimientos académicos, tenemos todo la vida para ello, de hecho, cuando yo era niña no se escolarizaba a los infantes hasta los 5-6 años y mi generación, al igual que las anteriores, estamos academicamente preparados.
Por otro lado sé que la vida moderna obliga a trabajar fuera del hogar a los dos padres lo que, en muchos casos, imposibilita el cuidado digno de nuestros hijos. Esto no significa que ésto sea lo correcto, tal vez, en vez de tener que llevar a nuestros hijos a centros "especializados" a los 4 meses, bajo el pretexto de que les viene muy bien estar con otros niños, sería mejor, para todos, que los padres pudieran amoldar sus horarios a sus hijos -una locura ¿verdad?-



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