30 de abril de 2012

Cuando la manada duerme...

La lluvia cae fina. La noche está vacía. El aire no respira. La música no se escucha. Sola contigo. Sola escribo. 

Todos duermen, sólo dos. Los ronquidos retumban. Sólo dos parecen cincuenta. Tengo sueño, pero no puedo dormir, no descanso pensando, y no pienso al no descansar.

Subo, bajo, vengo, voy... entre tanto movimiento me detengo y respiro. Reflexiono y me digo:

Hace cuanto que no te encontrabas en una noche como esta, en una noche como aquellas en las que te iniciaste, en una noche en la que, tras haber descansado la noche anterior, te permites pasar las horas delante del ordenador en vez de en la cama... cuánto hacía que no escribías CUANDO LA MANADA DUERME...

Y mientras la Manada duerme, aprovecho para recordar como ha sido el día. 

Un domingo que se esperaba pasado por agua nos sorprendió con el mejor de los soles, con un humor propio del verano, con un despertar celestial... así que con mi cuerpo descansado nos animamos a salir, coger el triciclo de Pocoyo y poner rumbo a lo desconocido.

Encontrándonos con una manifestación en contra de nuestro actual gobierno, pensamos que nuestro buen rollito matutino se tornaría en "odio la vida", cuando Cachorro asustadizo se quería volver a casa, pues el ruido de trompetas, tambores y megáfonos de todo a cien turbaba nuestra estancia en la Alameda.

Tras mostrarle quienes eran los responsables de tal estupor pareció quedarse en la calle más convencido pero sin lograr separar al niño koala de mi.

Tras unos largos 15 minutos, la manifestación se perdía en la lejanía y Cachorro volvió a ser el niño-bebé que toda madre desea. Faltándole tiempo de correr, saltar y jugar con otros niños.

Así, disfrutando en familia de un domingo primaveral, nos encontramos con la primera abuela, quien amenazó con acompañarnos lo que restaba de día, con tan buena suerte que la Yaya y el Abu asomaron despistados por la zona.

Todos juntos, con un Cachorro al borde del colapso neuronal, objeto de la excitación del juego y de la falta de sueño, tras un rico y soleado martini, decidimos ir a comer.

Las rabas, croquetas y picoteos varios hicieron las delicias de niños y adultos. Un balón de reglamento olvidado en el establecimiento pusieron colofón final a la velada. 

Ver como Cachorro juega al fútbol con su padre y abuelo no tiene precio, pero ver como Cachorro para a todo caballero que sale del bar para que chute el balón .... 

Con tanta actividad, Cachorro, sobrepasado de todo, no quería irse a casa.

Cuando por fin regresamos a nuestro hogar, el pequeño demando biberón, lo que sólo puede significar que esta a punto de perder el conocimiento.

Dos horas después para encontrarse con la sorpresa de que estan en casa los abuelos, que han venido para ayudar en la reorgización espacio-tiempo a los rugientes, y que la abuelita llega poco después cargada de pasteles!!!

Con esta dulce estampa Cachorro decide que el baño ha de ser rápido pues no quiere que nadie, salvo mamá, se coma sus pasteles.

Y así, con un niño reluciente, es como acaba el merengue en un precioso pelo castaño y como acaba, una abuelita reticente de quedar hoy, en la nueva reina del chupachus pegado.

Y es que, no siempre se puede saber como acabará un día que se esperaba de tormenta.

2 comentarios:

  1. Fabuloso vuestro día, me alegro. Se nota tu descanso ;-)
    Un beso

    http://missymistergolosina.blogspot.com.es/

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  2. Gracias ;)
    Falta me hacia dormir!!! urra!!! jajaja
    Un besin

    ResponderEliminar

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