10 de febrero de 2012

Derritiendo el hielo

La jornada en la Sabana fue, como cada día, agotadora. Así que, cuando cayó la noche, estabamos más que cansados, sobre todo Cachorro. Era una de esas noches en las que el sueño le invadía y no le dejaba comportarse como un Cachorro ejemplar, así que los lloros porque sí aparecian de forma intermitente, convinando con rabietas explosivas. 

El cambio de pañal, antes de ir a dormir, se estaba conviertiendo en misión imposible. Entre lloros, ños, y -mamá yaaa ta!!! recibí unas cuantas patadas demoledoras. 

Afortunadamente, llegado desde las profundidades de la cocina, apareció Papá. Su rugido paralizó el tiempo y Cachorro, inmovil, se sonrió diciendo -Papá ñoooo!!! y me propinó la última patada paralizadora de corazones. 

Casí sin respiración, aprovechando las piernas desnudas, propine una "cachetada" a Cachorro quien quedo cuanto menos sorprendido. 

Papá se dirigió a él: -Cachorro, a mamá hay que querrerla, no hay que pegarle patadas!! Cuando mamá termine de vestirte le tienes que dar un achuchón y decirle te quiero.

Después de un buen rato, habiendo quedado las palabras de Papá olvidadas y la rabieta pasada. Justo antes de leer un cuento, Cachorro me abrazó y me dijo: -Mamá te quero!!!!

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